12.6.06

Fútbol, fútbol, fútbol

Entre tanto fútbol, tanta gloria; entre tanta banderita y tanto perro con polar celeste y blanco, una amiga me comentó el sábado que el caballero con el que salía le dijo –por teléfono, lo que parece no ser un tema menor para mi amiga-: "que era un mal momento y que prefería que no se viesen por un tiempo, que estaba confundido".
- Claro, es lógico…-llegué a decir, pero no pude terminar mi frase- .
- Es lógico –me dijo ella con resignación- hace muy poco se separó, no está como para andar empezando nada nuevo.

… es lógico, empezó el mundial… terminé de pensar por dentro.


Renata Burnett,
Desde la hinchada albiceleste de un rincón de San Cristobal.


Y la voz de Juan Pablo Varsky: “Eso que te pasa es un Mundial”.

18.5.06

Definime "elegante"

Clase de pilates, pero sobre colchoneta, sin camilla. Pilates de gimnasio, pilates menos pilates, pilates mucho menos Tamara Di tella que otros pilates.

Profesora rubia perfecta en el frente va diciendo: “Las piernas juntas, bajamos la cabeza. Y vamos bajando, nos doblamos hasta tocar el piso. Ahora separamos los talones, los pies quedan paralelos y las manos buscan más adelante. Avanzamos con las manos y hacemos el triángulo. Ahora bajan lo talones y se apoyan en el suelo, las palmas de las manos también se apoyan enteras en el suelo. Y ahora levantamos el talón a la cola, sí, la rodilla queda paralela al piso y sí... ahora estiramos la pierna derecha, sí, para arriba, bien arriba, el empeine está estirado, mantenemos el equilibrio... y ahora la bajamos des-pa-cio, des-pa-cio, con el empeine que sigue estirado, de forma elegante, todos los movimientos de forma elegante.

Y fue en ese momento que giré la cabeza y me encontré en el espejo. Una figura que poco tenía que ver con un triángulo, una pierna medio en el aire que de estirada tenía poco, la otra que seguía apoyada en la colchoneta también a medio doblar y a punto de ceder, los pelos en la cara colorada y esa mueca mezcla de esfuerzo y pánico, mientras el resto del cuerpo temblequeaba hasta caer peso muerto sobre un costado.

Convengamos que las rodillas gastadas y estiradas de mi añejo jogging azul San Marco no ayudaron mucho.

Renata Burnett,
que insiste en esas locas clases gimnásticas.

16.5.06

¿Bioy o Casares?

Casi sin quererlo me topé, en la lectura de los cuentos de El lado de la sombra, de Adolfo Bioy Casares, con estos dos pequeños extractos que me resultaron pertinentes. Ahí van:


"Para alcanzar la muerte no hay vehículo tan veloz como la costumbre, la dulce costumbre. En cambio, si usted quiere vida y recuerdos, viaje. Eso sí, viaje solo. Demasiado confiado juzgo a quien sale con su familia, en pos de la aventura".
Un viaje o El mago inmortal.

"Probablemente porque el viajero es pájaro que viaja con la jaula, al entrar en el almacén de Mar del Plata me creí en el almacén de la vuelta de casa, en Buenos Aires: el mismo olor, la misma penumbra, la misma clientela de mujeres bajas, morenas y mustias".
La obra.

(Para Karina Olga y Maru, que el domingo repitió su nombre hasta el hartazgo, junto con la anécdota de Bioy o Casares.)

Renata Burnett,
Abonada al salón de lectura del subte A todas las mañanas.

12.5.06

DESCORCHEMOS


FELIZ CUMPLEAÑOS, GALEZ.


6.5.06

Todo por el crujir de una hoja

Me parece que el otoño puede resultar un poco deprimente. Hay algo en los colores, la temperatura y la luz que hace que la estación se debata con peligrosidad entre lo romántico y lo depresivo.

Los días se van acortando, el sol va perdiendo fuerza y los árboles las hojas, la temperatura puede bajar 10 grados en cuestión de horas. Los repetidos días de lluvia hacen lo suyo también.

Además, el otoño no es más que el preludio del invierno, que viene a ser una estación de verdad.

Lo único que todavía lo salva es el encanto de pisar los colchones de hojas amarillas, el irresistible placer de escuchar el crujido de una hoja bajo el zapato.

Renata Burnett,
enviada -a disgusto- a un día otoñal.

3.5.06

La Vuelta


Me fui, volví y parece que casi todo sigue igual. Y es lo que ocurre con vacaciones tan flexibilizadas y cortas. Gracias Carlo también por esto.

El laburo que uno especulaba alguien termine, sigue en el mismo punto pero ahora hay menos tiempo para el deadline.

Las boletas de servicios siguen estando ahí sobre la mesa para ser pagadas y no llegaron siquiera al segundo vencimiento.

Varios de los productos que están en la heladera pueden ser consumidos sin ser TAN perjudiciales para la salud.

Los conocidos están en el mismo punto, y hasta alguno puede llegar a reclamar el pago de la parte correspondiente al viajero de alguna de las cenas de despedida. ¡¡¡Pero si fue hace taaaaanto tiempo!!!

Es que 15 días de rutina en Buenos Aires no permiten la drástica transformación interior que sí sufre el intrépido viajero que en el mismo lapso de tiempo puede haber cambiado de religión, casado, experimentado sustancias locas, aprendido sobre extrañas culturas o haber conocido las ventajas y desventajas del servicio de salud de otro país del tercer mundo que puede ser posterior a la confirmación de que el agua en esa región -efectivamente- no es potable.

La única que acusó recibo, entonces, es mi planta de menta; pero creo que aún puedo salvarla.

Y la verdad en dos semanas no pasa mucho. Pero, pero…. pero la hija de Maradona (una de las dos nunca sé cuál es cuál) ahora baila en lo de Tinelli. ¿Es qué no los puedo dejar solos 15 días? Será de Dios.

Renata Burnett,
otra vez en Buenos Aires.

12.4.06

La Previa

Quizás existan viajeros mucho más organizados que esta cronista, quizás existan viajeros mucho menos organizados, lo cierto es que cada uno tiene sus rutinas y sus métodos al momento de encarar la previa a un viaje.

El pasaporte al día suele ser un elemento fundamental. La búsqueda de acomodos, contactos, parientes en la federal, o en las altas esferas de la política es un espectáculo conmovedor si el viaje es repentino o el viajero muy improvisado.

Qué ropa llevar es EL tema para quien le da cierta importancia a su vestimenta, y suele estar marcada por el clima del destino, las actividades programadas y, una vez más, lo detallista (léase coqueto) del viajero en cuestión.

En el trabajo, las recomendaciones a quien quede a cargo dependen del grado de compromiso laboral. Otra gran opción es dejar para cualquier consulta un mail de fácil acceso al mejor estilo: Renata@jamasmeecontraran.com.ar y que les explote la bomba apenas uno deja el país.

Las despedidas son otra historia. Se suceden los eventos, cafés y cenas aunque el viajero parta sólo quince días y por ahí hasta es la excusa ideal para encontrarnos con quien podríamos pasar tres o cuatro meses más sin siquiera un llamado.

Los pequeños detalles surgen con el correr de los días previos al embarque o aparecen de golpe cuando se los necesita y uno está en medio de la nada: ¿Cinturón portavalores? ¿Vacunas? ¿Bikini? ¿Qué tipo de depilación será necesaria? ¿Repelente de insectos? ¿Protector solar? ¿Pastillas de carbón? ¿Preservativos? ¿Hilo y aguja? ¿Alicate de uñas? ¿Moneda local? ¿Gorro? ¿Guantes? ¿Impermeable? ¿Pastillas potabilizadoras? ¿Suero antiofídico? ¿Teléfono de la embajada argentina en Laos?

Así, entre preparativos, recorridos, bancos, notas, llamados, pagos y despedidas, el viajero detallista se estresa las dos semanas previas al viaje, le grita a medio mundo, putea por lo bajo a la otra mitad y no le alcanzan las vacaciones para sacarse la contractura del cuello.

Es que durante unos días la rutina desaparece y lo nuevo se impone en el universo del viajero. Y quizás eso sea lo más maravilloso de todo esto, ¿no? Entonces uno se empeña por llevar consigo todo lo necesario para estar cómodo durante esos días en que juega a ser otro o volver a ser el que era, o ser el que quiere ser de verdad.

También está quien, harto de tanto escándalo, agarra un bolso, tira dentro dos o tres prendas, saca los dos pesos con cincuenta que tiene en el banco y se lanza a la aventura aferrándose sólo a la máxima de que “cuando el carro anda, los melones se acomodan”.

Vaya entonces mi aplauso Coca cola para ellos. Pero como las cosas no son así en la dimensión Burnett, esta cronista se despide formalmente, hace llamados, escribe mails, deja indicaciones por escrito y media docena de teléfonos de contacto, riega casi en exceso la planta de menta, reparte abrazos por doquier, chequea una vez más la lista que -por escrito- controla que el equipaje esté en orden y encara para Ezeiza.


Renata Burnett,
que está de viaje pero esta vez de endeveras.